Pilar Arnaiz Sánchez
Parte del significado de educar en y para la diversidad, especialmente bajo la
perspectiva de educación inclusiva.
Las escuelas deben ser para todos, es decir, que todo alumno sean cuales fueran
sus características, debe ser incluido en las escuelas ordinarias.
Educación Especial: denominaciones y caracterizaciones que evidentemente han
ido ligadas a ideologías, políticas, factores sociales, económicos y culturales.
No basta con que se produzcan cambios en el vocabulario si no que el cambio se
produzca en el pensamiento y en las actitudes y esto se traduzca a nuevos
planteamientos de solidaridad, tolerancia y en nuevas prácticas educativas para
enfrentarse a la multiculturalidad.
Se plantea que todos los alumnos reciban una educación de calidad centrada en la
atención a sus necesidades individuales.
La diversidad es una condición inherente al ser humano, por lo tanto en el proceso
educativo encontraremos que los estudiantes pueden presentar diversidad de
ideas, experiencias y actitudes previas.
Diversidad de ritmos: cada persona necesita un tiempo para asimilar el
conocimiento, depende la diversidad de intereses, motivaciones y expectativas en
cuanto a los contenidos y los métodos
Hablar de la diversidad supone considerar una serie de indicadores muy diversos,
como son el origen social, familiar, cultural, de sexo, intra o interpsicológicos, y
ligados a necesidades educativas especiales asociadas a algún tipo de
discapacidad o sobredotación.
Integración intercultural: supone el respeto a la diversidad que implica pertenecer a
una cultura minoritaria y el reconocimiento de los principios de igualdad de
derechos y deberes.
Culturas minoritarias: el material y los recursos diseñados en su mayoría no son
apropiados para las minorías, por lo que tienen más dificultad para acceder a una
cultura escolar.
Diversidad social, diversidad de sexos, diversidad de necesidades educativas
especiales asociadas a discapacidad o sobredotación.
La atención a todos los alumnos de acuerdo a sus características personales, sin
distinción de ningún tipo.
El derecho del alumno a ser considerado de acuerdo con sus experiencias y
conocimientos previos, estilos de aprendizaje, intereses, motivaciones,
expectativas, capacidades específicas y ritmos de trabajo.
La potenciación de individuos diferenciados con características personales
enriquecedoras de una sociedad amplia y múltiple.
La atención abierta y flexible a distintos niveles, tanto en lo referido al propio
centro como a los alumnos considerados individualmente.
La ampliación del apoyo a todo tipo de alumnos que, de manera permanente o
puntual, precisen de la atención complementaria a la acción educativa considerada
para la mayoría del alumnado
Educar para la diversidad expresa el matiz de educar para una convivencia
democrática donde la solidaridad, la tolerancia y la cooperación estén presentes y
caractericen las relaciones entre los alumnos dentro y fuera del aula; se trataría de
ser ciudadanos capaces de valorar y vivir con el que es diferente por razones
personales, sociales y religiosas.
Educar en la diversidad requiere, pues, “reconocer la desigualdad de partida de las
oportunidades de las distintas personas y de los grupos sociales, a la vez que
exige el reconocimiento de valores, normas, intereses y saberes invisibles para la
escuela.
La discapacidad de la persona es fruto de la interacción entre la persona y el
ambiente en que vive
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